Llegar a casa con nuestro bebé recién nacido es un momento inolvidable y lleno de emociones, sobre todo como papás primerizos. Por un lado, sentimos cierta tranquilidad de volver a nuestro espacio con el nuevo integrante de la familia, pero también tenemos unos nervios inmensos porque debemos cuidarlo sin la ayuda de enfermeras ni doctores.

A pesar del miedo, del tremendo sueño y el cansancio que se aproxima y de que sientes que no te da tiempo para nada, creo que es un proceso que hay que disfrutar, aunque haya días que ni te puedas bañar. Es una etapa de adaptación que todas pasamos y que no sucede nada si algo no sabes, no haces, o haces de más; siempre estará la abuela, la hermana o la tía experta que te pueden ayudar.

Cuando llegamos a casa con Nat, me di cuenta de que la frase “no existe un manual para ser padres”, es completamente real. Sin embargo, nuestra emoción por tenerla con nosotros era más grande que los nervios, y queríamos hacerlo todo lo mejor posible.

Hay cosas que nos ayudaron muchísimo porque las hicimos desde antes para que no nos agarraran las prisas, pero obvio, hubo otras que no teníamos idea que íbamos a necesitar o cosas que no eran necesarias y compramos de más.

Tener su recámara, ropa y accesorios listos y ordenados: la decoración de su recámara me llevó meses, literal la empezamos desde cero a pintar, poniendo papel tapiz, comprando cada detalle, etc.. para que unas tres semanas antes quedará al 100%. Igual y soy una exagerada jaja, pero la ropa la ordené por tallas, colores y casi casi olores jaja. Compré mil accesorios que no sabía si iba a utilizar como los 10 chupones divinoooos que al final nunca usé jaja, pero bueno, el chiste es que tengas todo listo para la llegada de tu bebé y que su espacio quede lo más cómodo posible, porque la verdad, después ya no te da tiempo de nada, y es importante tenerlo todo lindo para las visitas inesperadas que seguro llegarán.

Prepárate para el postparto: el parto no es un procedimiento sencillo y tal vez tenía noción de lo que me iba a enfrentar (un poco me ayudó el curso psicoprofiláctico) pero a la hora de la hora, ¡oh sorpresa! Es algo que no estaba en mis planes perfectos, al final por “x” o “y” tuvo que ser cesárea (lo cual no era la idea inicial) y a diferencia del período de embarazo en la recuperación no me fue tan bien. O sea, primero no podía ni caminar bien, sentía que si me ponía derecha se me iba a abrir la herida (solo de acordarme siento que me duele jaja) y qué les digo de intentar levantarme de la cama para darle de comer, sentía que se me salía todooo, gracias al cielo mi mamá me compró una faja y unos menjurjes que yo ni había considerado y me ayudaron muchísimo. Pero bueno, al final después de un tiempito van pasando los dolores y te vas adaptando, aunque algo que a mi me mató fueron las pocas horas de sueño que tenía, amo dormir y no concebía que no pudiera descasar como antes lo hacía, era algo que me ponía de verdad mal, pero la cordura, paciencia y apoyo de mi esposo me ayudaron muchísimo a relajarme y a llevar la situación, así es que si eres un oso como yo, ve programándote a que tus 13 deliciosas horas de sueño nunca regresarán ☹.

Trabajo en equipo: pues les cuento que tengo al mejor esposo del mundo, de verdad yo no sé qué hubiera hecho sin él, fue mi psicólogo de cabecera porque hasta depresión postparto creo que me dio. Algo que me salvó la vida fue que desde el día uno me ayudó en cada segundo y en cada detalle. La verdad nos funcionó muchísimo dividirnos las tareas, obvio los dos estábamos como zombies, pero tipo que mientras el esterilizaba, yo lavaba y doblaba los kilos de ropita que ensucian cuando son chiquititos jaja, o por ejemplo, algo que me daba miedito eran las primeras bañadas, desde el principio y hasta la fecha él baña a las niñas y yo las visto, peino y pongo guapas. Todo se fue acomodando y volviendo un hábito que hasta ahora seguimos y nos ha funcionado súper bien. Creo que más allá de dividir todo el trabajo y responsabilidad que es tener un bebé también es increíble que ambos estén involucrados y vayan viendo los cambios y desarrollo de su chiquitín o chiquitina.

Lactancia: Uff… esto es algo de lo que platicaremos más adelante y con más detalle, pero sí fue de las cosas que más trabajo me costó. Si desde antes pueden consultar a una asesora de lactancia (lo cual yo nunca hice) esta increíble, porque la verdad con mi primera hija no me fue tan bien y es algo que tienes que empezar desde el día uno, aunque ya con la segunda hasta banco de leche hice que llené mi congelador y el de casa de mis papás.

Hay mil cosas que pasan por tu cabeza y situaciones que no sabes que vas a vivir, pero lo único que tienes que hacer es seguir tu instinto de papá o mamá, todos te dan mil consejos y todos opinan, que no digo que no sea bueno escucharlos, toma lo que te haga sentido y lo demás hazlo como creas que es mejor para ti y para tu bebé, o qué opinan.

Besos, Cris.

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